La miembra, el miembro y los membrillos
Lenguaje y discriminación sexual
Recientemente, la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, compareció ante la Comisión de Igualdad del Congreso para exponer las líneas políticas generales de su departamento. En esa comparecencia propuso una gran batería de medidas concretas sobre violencia de género, empleo, corresponsabilidad y conciliación. Sin embargo los medios eligieron hablar primero de un teléfono ‘para canalizar la agresividad de los maltratadores’ pero que no fueron pronunciadas por la Ministra y, después, sobre la pertinencia del uso de la palabra miembras.
No es inocente esta prioridad informativa. Ya sabemos que la palabra “miembra” es una incorrección. No figura en el Diccionario de la Real Academia Española, que fija la norma; hasta ahí estamos de acuerdo. Lo que sorprende es que mentes tan afamadas e intermitentemente lúcidas en mi opinión como Javier Marías, Fernando Savater y Juan Manuel de Prada, afirmen que proferirla es una “estupidez”, una “sandez” y una muestra de “feminismo salvaje”. Eso sí que es una actitud desmesurada y fuera de lugar.
Pocas veces un error gramatical, intencional o no, provocó tales tumultos en contra. Es curioso que palabras como guay o chiquitear no tuvieron tanta dificultad para ser incorporadas al diccionario. Parece evidente que en esta desproporcionada reacción subyace una cuestión inquietante de fondo. “El lenguaje es machista porque la sociedad ha sido así; -y la sociedad seguirá siendo machista mientras lo sea el lenguaje», afirmó Alvaro García Meseguer, profesor de Investigación del CSIC durante una conferencia.
Comenzó clasificando los problemas de discriminación de la mujer en dos grupos, los que se originan a niveles conscientes y los que se originan a niveles subconscientes. “Estos últimos -señaló- son los más graves y los auténticos responsables de que las mentalidades, sentimientos y actitudes sean machistas.
En ellos juega un papel fundamental el lenguaje, que induce en lo más profundo de la personalidad de cada hablante una forma sexista de captar la realidad. La cuestión es la relación entre lenguaje y discriminación sexual. García Meseguer explicó sus interesantes estudios de sexismo comparado en diferentes idiomas, y las ordena en la misma secuencia en que las sociedades discriminan a la mujer: desde un 1 % del finlandés hasta un 90 % del árabe; pasando por el sueco (un 8 %), inglés (15 %), francés (40 %) italiano (75 %) y castellano (80 %). ¡Ahí queda eso!
El feminismo y la gramática española están reñidas. Viene de antiguo. “El lenguaje está creado por el hombre, para el hombre y tiene como objeto el lenguaje del hombre”, sostiene la filóloga Pilar Careaga.
Las mujeres se quejan de que no existen si no son nombradas, o que sólo figuran de forma peyorativa en un sistema lingüístico creado en sucesivas etapas de la historia en las que lo femenino no pintaba nada. La lucha por la igualdad es tan reciente como que las españolas lograron el derecho a votar en 1931, mientras que los varones lo obtuvieron por vez primera en 1890.
Sin embargo, lo significativo no es el titular casi unánime que los medios han elegido para resumir las medidas políticas del Ministerio de Igualdad, lo verdaderamente relevante es lo que se esconde tras esa sesgada elección de los titulares.
Es decir, esta elección intencional y nada inocente, esconde un mensaje subliminal: El mensaje oculto es la dificultad que tiene un sector de la sociedad, para aceptar que esa estructura social que obstaculiza el acceso de las mujeres a los recursos y al poder, ese “techo de cristal” ha comenzado a resquebrajarse.
Lo que se ha cuestionado, en realidad, no ha sido esa medida política que propuso la ministra de Igualdad ni tampoco el uso del término miembras. Lo que se ha puesto en clara evidencia han sido las resistencias que suscita cualquier proyecto político que incorpora la igualdad de género como uno de los elementos centrales de la agenda.
Y ahí es cuando se ha puesto el grito en el cielo y han salido a relucir los más subconscientes de los temores; porque en el fondo se percibe que la lucha por la igualdad, no tiene marcha atrás.
A pesar de la contundencia de los datos de discriminación, no es fácil. Tal y como ya sostuvo el filósofo cartesiano François Poullain de la Barre a finales del siglo XVII, es que los varones son juez y parte. ¿Cómo asumir propuestas políticas de igualdad cuando eso implica debilitar una parte de los privilegios domésticos y políticos de los varones?
Domingo, 29 Junio 2008 a las 8:43
La justificación q nos haces a las meteduras de pata de nuestra querida ministra están fuera de lugar. Estaremos de acuerdo en otras cosas, pero en esa NO.
Domingo, 29 Junio 2008 a las 20:55
Gracias Pepero por tu comentario.
En ningún momento justifico a la Ministra. Es más, digo claramente que es una incorrección la palabra miembras. El asunto es mucho más profundo y es a lo que yo voy.
Un saludo,
Cristina